De Himbas a elefantes pasando por el baño….

La pereza invita a quedarse en la cama, y es que tras varios días haciendo noche en la tienda, el cuerpo se acostumbra rápido a lo bueno. Nos levantamos con el amanecer, sobre las 6:00 y nos acercamos a desayunar al mismo sitio donde la noche anterior habíamos cenado las carnes a la parrilla.

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Entramos en el poblado Himba acompañados por la chica que nos estaba esperando la noche anterior. El poblado está localizado en una zona abierta, justo detrás de nuestro alojamiento. La primera recomendación que nos han dado es que no les regalemos nada y mucho menos dinero, porque se lo gastan todo en alcohol. Los dueños del hostel tienen una especie de convenio con los Himbas del poblado; les proporcionan comida y agua o cualquier otra cosa que necesiten si es preciso (servicios médicos, emergencias, etc) a cambio de que las personas que se alojan en el hostel, puedan acercarse un rato a visitarlos, ver como viven, etc, etc …

El poblado está tan cerca que el sendero para salir del poblado pasa por delante de nuestra habitación, desde primera hora los hemos visto pasar con botellas y garrafas de agua.

El poblado no es muy grande, pero está bien organizado, tienen un tipo de cercado en el centro, hecho con troncos y maleza, que es donde guardan a los animales por la noche, al estar justo en el centro lo tienen bien localizado y están alerta para evitar ataques inesperados o pérdidas de reses. Justo enfrente a este “cercado” se encuentra la cabaña del jefe del poblado, que según nos contaron, llevaba unos días fuera visitando otros poblados Himbas.

Vista general del poblado. En el centro el cercado que utilizan para guardar sus animales por la noche.

Durante el día, los únicos residentes en el pueblo son las mujeres con hijos pequeños y chicas adolescentes. El único hombre joven que nos encontramos, es un chico de unos 13 o 14 años que tiene problemas mentales, y al que los hombres no se lo llevan cuando se van con el ganado ni al resto de tareas que realizan.

Una madre descansa delante de su casa mientras sus dos hijos juegan distraídos

Son bastante amables y cordiales, y aunque como es lógico no hablan inglés y es difícil entenderse con ellos, hacen por comprender lo que les hablamos, nos responden en su idioma o por gestos, pero aún así, la comunicación es complicada.

Las Himbas tienen una sistema social para diferenciarse unos de otros a través de sus accesorios y detalles corporales. Por ejemplo, una pulsera en la mano derecha puede indicar que la mujer esta soltera, tres collares de un diseño determinado que no tiene padres, otros complementos que no tienen hijos, etc, etc … Aparte de eso, el pelo es una representación de su estatus social, todas las mujeres adultas casadas llevan ese peinado tan característico: Algo parecido a unas trenzas envueltas en barro seco, dejando únicamente la parte más inferior sin cubrir. Estuvimos viendo durante bastante rato, como una mujer le estaba retocando las trenzas a otra, echándole barro y ceniza en el pelo. A su lado, dos niños pequeños nos miraban con curiosidad mientras los pobres eran literalmente atacados por las moscas, que se le posaban constantemente en la cara

Sesión de peluquería a base de ceniza, barro y trenzas.



Dos pequeños Himbas…

 

Tras un rato contemplando el ritual del peinado, caminamos a la otra parte del poblado, donde un grupo de mujeres estaban sentadas en el suelo de manera relajada. La chica del hostel nos contó más tarde, que las Hembas se suelen tomar sus días con calma, haciendo mucha vida social por las mañanas, y ya casi entrada la tarde, si el Sol y el calor se lo permiten, se mantienen en el poblado haciendo pequeñas actividades, mientras los hombres y niños cuidan del ganado o van a comprar cosas necesarias a los pueblos cercanos

Otra parte del poblado. En esta imagen se puede ver a una chica joven en el lado derecho..

Una joven Himba y su pequeño.

A pesar de seguir viviendo con sus tradiciones milenarias, no renuncian a las modernidades según les interese, de ahí que colgado de un árbol podamos ver un teléfono móvil, conectado a una mini placa solar que será la que le ayude a cargar la batería.

Peinado de una mujer Himba casada. Se pueden ver unas trenzas recubiertas de barro, tan sólo quedando al aire la parte final del pelo.

Como viene siendo habitual durante todo nuestro viaje, en cuestión de segundos aparecieron como de la nada una docena de niños y chicas, que de forma insistente nos pedían una foto, para poder verse retratados después en la pantalla de la cámara.

Jorge le enseña a unos jóvenes Himbas la grabación donde estos salen hablando y saludando.

Los niños pequeños siempre tienen ese toque inocente, extrovertido y simpático da igual a que país vayas, o cual sea su condición social, en este caso vimos a dos que eran los más activos y revoltosos del poblado: Mientras uno repetía una y otra vez la operación de llenar un pequeño bote de colonia en un depósito de agua y beber, otro buscaba piedras para meterlas en una botella y agitarla haciendo ruido.

El niño con su cacharro de agua, y el otro, nuestro tranquilo amigo de las piedras y su botella.

Estuvimos bastante tiempo con los Himbas, nos hubiéramos quedado mucho más tiempo, pero creímos conveniente que unas horas habían sido más que suficientes, y era momento de dejarlos con su vida tranquilo en su poblado de una vez. También nos hubiera gustado entrar dentro de una de las casas y ver como es, pero no nos atrevimos ni siquiera a preguntar, era como cruzar demasiado los límites, quizás en otra ocasión.

Volvimos hasta el pueblo de Kamanjab, para intentar cambiar dinero y después hacer los poco más de 200 kilómetros que nos separaban hasta la entrada del parque de Etosha.

Pero como era de esperar, en Kamanjab no tienen banco ni cajero, así que continuamos la marcha de camino a Ethosa.

Centro de Kamanjab, con un taller de reparación de neumáticos y algo parecido a unos servicios públicos…

En la mitad del camino fue donde realmente comenzó mi tortura…. de repente estómago se empezó a revolve de forma peligrosa, muy peligrosa….Así que para cuando llegamos al siguiente pueblo (bastante grande por cierto), las peores se confirmaban, y algo me había sentado realmente mal. Y mientras el resto del grupo comía, yo me pasé las siguientes 2 o 3 horas ocupando el único servicio que había en el bar. Mi preocupación aumentaba a la par que los dolores y pinchazos que sentía, que eran cada vez más frecuentes….Porque además, teniendo en cuenta, que nos quedaban todavía 110 km para llegar a la entrada del parque, y que los próximos dos días, no podríamos bajar del coche absolutamente para nada, mi futuro en Etosha no pintaba nada bien.

Durante el camino hasta el parque, no tenía muy claro si mi salud iba a mejor o a peor. Me consolaba saber que las enfermedades graves estomacales casi todas presentan cuadros de fiebre, y yo de momento no tenía, por lo tanto, confiaba en estar mejor en unas horas. Mientras tanto, me iba intentando distraer con los rebaños de Springboks que veíamos pastar a ambos lados de la carretera de manera tranquila y relajada.

Llegamos al parque, cubrimos y pagamos el registro de entrada, y como la puesta de Sol era inminente, dejamos las cosas y los coches en nuestra parcela para ir rápido hasta el mirador de la charca donde los animales se acercan a beber.

Cartel de entrada al parque de Etosha

Las imágenes que allí pudimos ver son impresionantes. Una grupo de jirafas y otro de elefantes se acercaron desde el horizonte paso a paso y todos en fila hasta la charca, que se encuentra a unos escasos veinte metros del mirador. El silencio es sepulcral, y tan sólo lo rompen los cientos de disparadores de las cámaras de fotos con las que la gente intenta inmortalizar una escena única.

Nuestros primeros grandes animales: Un grupo de Jirafas y varios elefantes se acercan a la charca a beber…

Personalmente, creo que es una de esos recuerdos que se quedan grabados en la memoria para toda la vida; el cielo completamente rojo, con el Sol poniéndose en el horizonte y un grupo de elefantes caminando en fila, levantando polvo del camino mientras se dirigen a la charca…..

Puesta de Sol desde la charca…

Estuvimos hipnotizados con los elefantes y las jirafas durante casi una hora. Después de eso, volvimos a nuestra parcela para montar ducharnos y cenar. Mi cuerpo parecía encontrarse algo mejor ya, pero aún así me sentía extremadamente cansado.

Volvimos al mirador, esta vez la familia de elefantes se había ampliado, contando más de treinta. Cada uno hacía su juego: unos se bañaban y tiraban agua, otros simplemente se echaban polvo encima y el resto bebían litros y litros sin parar….

Como el silencio en el mirador es inmaculado, se puede escuchar con total claridad el ruido que hacen los elefantes al recoger el agua con la trompa, y cómo suena a hueco cuando les cae en el estómago. Por darle un parecido, es algo así como si con una manguera de bomberos metiéramos 200 litros de golpe en un depósito totalmente vacío….

El mirador está ubicado en un lugar específico y diría que perfecto. Unas pequeñas luces nos permiten ver un poco mejor a los animales que están más cerca, pero a la vez no les molesta y pueden seguir con sus actividades nocturnas sin ningún tipo de temor ni imaginando que a escasos 20 metros hay mas de cincuenta personas observándolos. Podría pasarme ahí sentado, disfrutándolos horas….

A última hora la manada de Elefantes tomó la zona en gran número y tuvimos la suerte de poder disfrutarlos durante bastante tiempo.

Volvimos al camping para cenar un poco de arroz en blanco y agua de cocer el arroz. En contra de mi voluntad, el cuerpo me pedía reposo, mientras el resto del grupo volvió al mirador una vez más, para intentar ver desde algo más cerca, unos tímidos rinocerontes que se mantenían a bastante distancia del agua.

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