St. Nowhere City – Poblado Himba.

La historia de las bermudas de flores….

La imagen que ofrece nuestro alojamiento y sus alrededores durante el día, no dista mucho de la que nos ofreció la noche anterior. La primera visión que tenemos, al salir a lo que se podría denominar calle, es la desolación….

Un silencio y una estampa de ciudad abandonada reina en el ambiente. De momento no tenemos luz eléctrica, pues el generador que nos la proporciona todavía está apagado…

No hay mucho que explicar en esta imagen. Las casetas de madera tenían peor aspecto de día. Tan sólo las olas al romper en la orilla rompían un silencio sepulcral….



La niebla rodea el ambiente, lo que unido al sonido de las olas que rompen en la orilla, me vuelve a dar la impresión de que estoy en cualquier parte del mundo menos en África, y con el desierto a apenas 3 horas de distancia.

En la parte exterior encontramos las duchas de la zona de camping; el original mecanismo permite soltar la cuerda para bajar el cubo, llenarlo de agua y volver a subirlo antes de abrir la llave de paso. Ingeniería Namibia !!!

Antes de desayunar y tomar nuestra dosis de la pastilla contra la malaria, bajamos a la playa y nos acercamos a la orilla. El mar está bastante revuelto y el oleaje desaconseja totalmente darse un baño matutino, como era mi intención.

Las parcelas del camping cerca del mar. Si llegamos a dormir ahí, las tiendas no hubieran aguantado el viento.

 

La playa tiene mucha pendiente, en un par de metros de distancia hacia el mar, la arena baja otros tantos en altura, lo que me lleva a pensar, que donde están rompiendo las olas seguramente haya entre 7 u 8 metros de profundidad con respecto al nivel del agua. Cientos de cáscaras de mejillones invaden la arena, son de color blanco en su mayor parte y de un tamaño como no había visto antes, seguramente dos o tres veces más grandes que cualquier mejillón que podemos comprar o comer en España.

Después del paseo mañanero, sacamos unas fotos en el camping inexistente, desayunamos y le devolvimos las llaves de la casa al hombre, que acababa de encender el generador (el humo del motor y el sonido invaden buena parte del poblado).

Sin apenas tiempo para desperezarnos dentro del coche, y empezar a conducir, llegamos a la puerta del parque de Skeleton Coast. Unas calaveras como puertas nos dan la bienvenida. Tras el pago de la entrada y el registro de datos, algo que gusta mucho en este país: rellenar un papel con datos personales y dirección… acaso me van a mandar una carta ?? Revisamos los carteles de información y tras la apertura de la puerta por parte del guarda, nos adentramos en la desconocida Costa de los Esqueletos.

Unas puertas con calaveras, varias costillas de ballena y algún que otro hueso nos daban la bienvenida…

Una vez más, las pistas son de barro y grava bastante deslizante, en ocasiones obligándonos a reducir la velocidad. Vamos leyendo las diversas indicaciones y avisos que nos han dado en unos folletos, en los cuales recomiendan no alejarse mucho del vehículo, pues diversos tipos de animales se han adaptado a este clima y viven en él (Hienas, Leopardos, Elefantes, etc. ).

Nada por aquí, nada por allá… por no haber no hay casi ni pista por la que circular…

Todas las recomendaciones, se quedan en el papel en cuanto paramos delante del primer resto (y a la postre el único) de un barco en la playa. Un motor y lo que una vez fue la proa permanecen enterrados en la arena, rodeados de las redes y algunos restos más a varios metros de distancia. Tras una sesión fotográfica de varios minutos, me doy cuenta que en el suelo hay unas huellas como de perro, ¿Aquí no hay perros no? Pregunto…. –

Vaya perrito más grande, fíjate el tamaño de las huellas – comento con Jorge. Tras ese gran hallazgo, nos apresuramos a volver a nuestros vehículos, porque con la emoción del barco, los habíamos dejado a más de 20 metros de distancia…

Los restos de un antiguo naufragio todavía perduran en la playa. Seguramente muchos más estén enterrados bajo nuestros pies..

La cosa de los esqueletos deja bastante que desear, porque lo único que se ven son pistas rectas y pocas vistas o partes del mar a destacar. Más tarde descubrimos (aunque ya nos lo imaginábamos) que la zona interesante de este parque, es la que comprende desde la mitad del mismo hasta la frontera con Angola, que es justamente donde están todas las dunas y el desierto pegado a la cosa. Lamentablemente nuestra ruta nos obligaba a desviarnos a mitad de camino, así que por desgracia nos quedaríamos con este descafeinado recuerdo…

Seguimos por la pista y varios kilómetros después, un cartel con las letras medio borradas indicaba algo que no sabíamos muy bien que era. Tras unos 300 metros, encontramos un pozo petrolífero caído, quemado y totalmente corroído por el mar y la humedad costera. No quisimos desaprovechar esta ocasión, así que Jorge y yo nos bajamos para sacarle unas fotografías, en contra de la opinión del resto del grupo que prefirieron ver el pozo y las huellas de animales que lo rodeaban, desde el coche.

Restos de un pequeño pozo petrolífero. Al contrario de los vehículos y otros restos que hemos ido encontrando, en este, el mar ha erosionado la estructura dejándola imposible para subir …

En la parte trasera del pozo, la que no se ve desde el camino, las huellas eran mucho más frecuentes y grandes. Parecían caminos que se cruzaban una y otra vez entre sí, que no llevaban a ninguna parte. Estuvimos un buen rato grabando con el trípode y la cámara, pero con un ojo pendientes de los animales que nos quisieran hacer alguna visita. Por suerte o por desgracia volvimos al coche sin ningún primer plano del felino o la hiena, pero con todas las partes del cuerpo enteras.

Me pareció ver un lindo gatito!!!!

Tomamos nuestro desvío dentro del parque justamente donde empezaban las dunas y la zona más bonita del mismo. Nuestro siguiente punto de parada es la región de Sesfontein, en donde paramos en un pequeño pueblo con una tienda para comprar algo de comer.

La zona de dunas abarca desde el centro del país hasta la frontera con Angola. En esta parte, el mar se une con las dunas formando una playa interminable…

 

No sabemos muy bien donde está nuestro alojamiento próximo al poblado Himba, ni si faltan muchos kilómetros para llegar. A medida que íbamos cubriendo distancia, los depósitos de gasolina de los Terios empezaban a flaquear, y no teníamos muchas esperanzas de encontrar una gasolinera donde parar para llenar y poder seguir nuestro camino.

Al llegar a un cruce, paramos en un puesto de reparación de neumáticos que se encontraba a decenas de kilómetros de cualquier otro punto poblado (como todo en este país), y le preguntamos a las personas que allí estaban donde podíamos echar gasolina. Afortunadamente, nos encontrábamos a unos 25 kilómetros de un lodge con una gasolinera cercana, así que por esta vez no nos quedaríamos tirados en las pistas.

Mientras estábamos preguntando por la gasolinera, un chico de unos 15 años se acercó para intentar vendernos las famosas castañas con nuestro nombre, que ya teníamos, pero se me ocurrió una idea mejor y le pregunté si quería ropa. Abrí mi bolsa y le ofrecí un bañador de flores y dos camisetas que tenía por allí. No le parecía suficiente al pobre chaval que me pedía de comer manzanas!!! Ya quisiera yo poder comer una manzana con el calor que hacía y el agua caliente que llevábamos….

Llegamos al lodge y poco después llenamos los depósitos de los Terios en la gasolinera, de un campo de trabajo un poco raro. Volvimos al lodge a comprar unas Coca-Colas y preparar nuestros ricos bocadillos de pan de molde con mortadela y queso.

Calendario de gasolineras Namibias 2010. En este caso Mr. Agosto….

El lodge es un oasis en el medio de un gran secarral árido. Está instalado justo al pie de una montaña de enormes pedruscos de varias toneladas de peso y por tener tiene hasta un césped más verde que muchos campos de fútbol. Varias de las grandes piedras que rodean el lodge están grabadas con pinturas rupestres de muchos miles de años. Como curiosidad, decir que prácticamente la totalidad de los huéspedes que nos hemos encontrado en el lodge (y en todo el viaje hasta el momento) son italianos.

Igual que cuando se pone una chincheta en un mapa, así parece que han puesto este lodge…A varias horas del lugar poblado más cercano y en la falda de una montaña repleta de pinturas rupestres…

Tras comer, y con la suerte de que paramos en el lugar perfecto, pues el lodge estaba a tan sólo 4 minutos de la zona con pinturas rupestres que queríamos visitar, entramos en el recinto de la exposición, y tras pagar disfrutamos de las pinturas y la charla del guía..

Dentro del recinto también se encuentran las ruinas de la casa donde vivió el gran explorador David Livingstone, durante su estancia por esta zona. El guía nos fue explicando el porqué de las figuras, cómo las hacían y con que finalidad. También nos contó, que el motivo de que se encuentren entre las pinturas animales marinos como focas, ballenas y pelícanos, reside en que estos hombres antiguos viajaban durante aproximadamente 6 meses hasta el mar, y al volver pintaban lo que habían visto para contárselo al resto de personas y enseñar a los más pequeños de los poblados.

Ruinas de la casa de David Livingstone.

Entre todas las pinturas rupestres que pudimos admirar, esta fue la que más me impresionó. Después de tantos años se siguen apreciando perfectamente …

Al salir de ver las pinturas, nos acercamos a los Organ Pipes, que son unas formaciones de piedras en una zona de un monte, tras el paso de los años se han ido constituyendo en tiras muy finas y alargadas, que al ir desprendiéndose hacen la forma de los tubos de un órgano.

Organ Pipes…

 

El tercero en discordia fue otra cosa para ver, el famoso monte quemado, que al final resultó ser un auténtico fracaso: Un monte oscuro, con la tierra quemada (o muy oscura según se quiera interpretar) y sin ningún interés más. Así que teniendo en cuenta de que todavía nos quedaban sobre 300 kilómetros y nos sabíamos como estaba la pista, ni siquiera nos bajamos del coche.

Volvimos al cruce donde nos paramos a preguntar y seguimos dirección a la ciudad de Kamanjab, que es el siguiente punto de referencia que teníamos en el mapa. Cuando llevábamos una media hora de conducción, a un lado del arcén aparecieron unas bermudas de flores algo familiares, era el chaval al que se las había regalado que las llevaba puestas !!! Casualidades del destino o no, nos estaba indicando que entráramos hacia un cartel que anunciaba el bosque petrificado, que era lo último que nos quedaba por ver en el día.

Un árbol caído y fosilizado. Parecen un montón de piedras sin mayor interés, pero al acercarse se pueden ver hasta los anillos del tronco.

 

Una chabola de cuatro troncos y varias maderas no parecía el recinto oficial del parque, pero ya que estábamos allí aparcamos los coches y subimos a ver los restos de árboles fosilizados. El guía, un hombre con los pantalones muy sucios y unos zapatos en los que se le salían todos los dedos por fuera nos acompañó durante la ruta. En la segunda ronda de supervisión de nuestros vehículos, volvió a aparecer el chico de las bermudas junto a los coches, lo que provocó que me quedara vigilando y de paso disfrutando de otra roja puesta de sol….

El Sol caía en el horizonte y los primeros animales nocturnos empezaban a salir. Se empezaban a oir esos grillos tan veloces que nos encontramos en el camping de Sesriem.

Cuando el resto del grupo volvió de la mini-excursión, le pagamos al guía 60$N y se quedó con cara de sorpresa

y como pensando…me han pagado!!!.

Nunca me hubiera imaginado volver a encontrarme con el chico al que le regalé las bermudas, y menos aún a unos 30 km de donde lo dejamos la úlitma vez!!!

De camino a Kamanjab, encontramos siete u ocho bosques petrificados más (todos piratas por supuesto), y para cuando llegamos al oficial (el de verdad), eran más de las 5 de la tarde, así que por lo menos pudimos disfrutar de alguno, aunque fuera pirata.

La pista en esta parte es un infierno con todas las letras. Cientos de baches, badenes, riachuelos secos, cruces, etc hacen muy difícil y cansada la conducción, si a eso le sumamos que hacía una hora que se había puesto el sol, lo hacia todavía peor..

Llegamos a Kamanjab de noche. Las indicaciones que teníamos no eran lo suficientemente claras y aunque entramos en una carretera asfaltada, poco después volvimos a una pista llena de baches y mucho polvo. Estuvimos media hora dando vueltas por ahí, hasta que encontramos la valla quee delimitaba el recinto de nuestro alojamiento.

Nos estaban esperando, porque ya era demasiado tarde, hicimos check-in y… otra noche durmiendo en una cama!!! Después de varios días de penurias, una cena a base de parrillada de carne de antílope, kudu, oryx, etc no estaba nada mal. Con la carne nos sirvieron ensalada, pero la rechazamos amablemente.

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