Swakopmund – St Nowhere City

 

El monstruo de un solo ojo

Primer desayuno con Malarone (vacuna contra la malaria) en nuestro viaje, a partir de ahora, las pastillas nos acompañarán cada mañana siempre a la misma hora. Ya que el tratamiento hay que comenzarlo unos días antes de entrar en la zona «complicada» y seguir unos días después de abandonarla.

Salimos hacia Walvis Bay para montar en un catamarán y darnos un paseo por la bahía de la ciudad. Durante la travesía, un día de niebla con bastante frio, pudimos ver como las focas se suben al barco y los pelicanos se acercan volando, buscando su desayuno diario en forma de pescado fresco.

El barco rompía la tranquilidad de los cormoranes, y cuando estos levantaban vuelo, golpeaban con las alas en el agua…

Tras un paseo de media hora, avanzamos un poco más por la bahía y llegamos hasta el faro de Walvis Bay, donde una colonia de leones marinos y focas viven en total tranquilidad. El barco se acercó lo suficiente a la orilla, como para ver a un coyote intentar sacar del agua una foca muerta que tenía pensado comerse.

No pudimos llegar a la gran colonia de Leones y Focas en CapeCross, pero por lo menos pudimos disfsrutar de bastantes en Walvis Bay

La ley de la supervivencia. Un coyote se aprovecha de una cría de foca muerta para alimentarse.

De regreso al puerto, nos enseñaron cómo y dónde se cultivan las ostras Namibias, nos invitaron a probar alguna cruda y otras cocinadas, también a pescado y otras cosas para comer y beber. De todo el menú, fuimos descartando alimentos complicados, sobre todo las ostras. Estas prevenciones generales no van con Fran, que lo hemos nombrado catador oficial del viaje…

Los Pelícanos saben bien donde y cuando pueden comer gratis, así que bastantes de estas aves perseguían al barco esperando por el almuerzo..

El puerto de Walvis Bay, está lleno de puestos ambulantes, vendiendo tallas de madera, figuras, ropa y muchas más cosas de arte africano, donde el regateo es deporte olímpico. En una esquina del aparcamiento, 3 mujeres Himbas, sentadas en el suelo con sus hijos pequeños, vendiendo collares y figuritas. Fran intentó hacerles una foto, pero una de las mujeres se dio cuenta y le saludó con el dedo corazón en todo lo alto y el resto doblados….

En Swakopmund recogimos nuestras cosas de la consigna del hotel y entramos en la tienda de recuerdos a comprar algunas tonterías que tenían a muy buen precio. El problema era que la señora que atendía no tenía muy claro el tema del cambio, y hacía unas cuentas tal que así: Calcetines de África costaban 50$N, que vienen siendo 5 euros…yo le entregaba 20 dólares (18euros), y ella me devolvía 7$N (sobre 0,70 euros), Con una calculadora se lo explicamos bien, y al segundo intento ya la mujer hacía bien sus números.

Intentamos buscar una lavandería porque era primordial lavar ropa (yo no lo necesitaba, el resto si), pero fue un auténtico fracaso. Encontramos una donde sólo tenían 1 secadora funcionando y gente esperando turno. La otra que había en la ciudad estaba cerrada, porque aunque nosotros no sabemos en qué día vivimos, el resto del mundo sí, y un sábado por la tarde no abren ni en Namibia.

La lavandería donde tenían mucho trabajo. Si llegamos a dejar la ropa allí, al ritmo que trabajan quizás hubiéramos tenido que esperar uno o dos días …..

 

Ya que no había lavandería, aprovechamos, para hacer la compra de los siguientes días, que iba a ser bastante grande. No parecía a simple vista Swakopmund un lugar donde dejar desatendidos dos coches llenos de trastos, así que me volví a ofrecer voluntario para vigilar nuestras pertenencias…Como premio, tuve que aguantar a un par de vendedores ambulantes que te ofrecen unos minerales del tamaño de una habichuela por un módico precio de medio euro. Su forma de actuar es en todos los sitios igual: Primero se acercan, te preguntan de dónde eres (cuando les dices que eres español contestan, ah!! Espania, World Champion!!) y acto seguido te hablan como en susurros y muy rápido enseñando lo que venden. Cuando les dices que no estás interesa, te piden de comer, beber o incluso ropa….es muy triste…..

Decidimos que era el momento adecuado de abandonar la ciudad, cuando en la acera de enfrente la cosa se empezó a poner muy tensa… Pudimos observar como un guardia de seguridad de un KFC sacó el látigo (literalmente) y empezó a pegarle a un hombre que llevaba algo entre unas bolsas, nos imaginamos que lo acabaría de robar…

Nuestra última parada en Swakopmund fue en la misma gasolinera donde la noche anterior compramos el agua y el hornillo. De repente, se nos acercó un chico de más o menos nuestra edad, nos preguntó nuestros nombres y con una habilidad nunca vista empezó a grabar unos dibujos y nombres en una castaña que tenía en la mano….

En menos de un minuto estábamos todos a su alrededor, atónitos, hasta que aparecieron sus otros dos compañeros. Eran muy curiosos, porque uno parecía un músico de la banda de Bob Marley, y el otro el actor Morgan Freeman. Estos dos últimos se sacaron una especie de navajita del calcetín, y en poco tiempo teníamos cada uno su castaña diseñada y personalizada al gusto. Los hombres hablaban entre ellos con chasquidos de la lengua, como hacen los bosquimanos del Kalahari. Fue un encuentro casual super curioso y agradable.

Un amable trabajador de la gasolinera nos hizo esta foto con los tres artistas de las castañas….

No les preguntamos el precio antes de que tallaran las castañas y cuando llegó el momento de pagar, nos querían cobrar 100$N por cada una !!! Haciendo una rebaja por ser nosotros (no esperábamos menos, siendo semejantes eminencias visitando su pueblo…..) al final y con el regateo consecuente, llegamos a un acuerdo en el precio, 350$N por todo, sobre 5 euros cada castaña. No queríamos pagar poco, pero tampoco un precio loco como el que habían puesto en un principio…

En ruta hacia el camping, a mitad de camino de la Skeleton Coast, es una carretera es asfaltada, pero pronto se vuelve una enorme pista de tierra con sus baches, montículos y esos cauces secos de los ríos que la atraviesan; menos mal que viajamos en invierno, porque en verano con las lluvias estos caminos deben de ser casi impracticables.

El paisaje es desértico, sin nada que echarse a la vista en muchos kilómetros, sin árboles, tan sólo vegetación baja y el mar al otro lado de la pista. Las indicaciones que tenemos, dicen que nuestro alojamiento está un poco después de la milla 109, creemos que tiene que ser un sitio importante por algún motivo, porque los únicos carteles que nos encontramos, señalan ese punto constantemente.

En una zona repleta de grandes piedras de sal, a alguien ingenioso se le ocurrió improvisar varias mesas, unas latas con una rendija y un cartel con el precio de venta de las piedras esperando recaudar algo. Lo que quizás no pensó es que justo debajo de cualquiera de las mesas había muchas más piedras, más grandes

 

En algunos tramos de la pista, atravesamos zonas de obras, donde un par de trabajadores, le hacen un mantenimiento a la pista y las cunetas con una máquina. Viven en tiendas de campaña o casetas de obra en medio del desierto, y según van avanzando las obras, mueven su alojamiento a la zona donde trabajan. Si la pista tiene más de 200 kilómetros, yo me pregunto ¿Cuánto tiempo tardan en volver a su casa? Así son las cosas por aquí.

Uno de los muchos «puestos de obras» que nos encontramos el los caminos. La soledad del trabajador sin nadie con quién hablar ni compartir nada durante semanas y semanas….



Por fin encontramos la famosa milla 109, un poco después de atravesar una zona que creemos que está llena de minas antipersona y con un vigilante cuidando de que nadie entre por lo que pudiera pasar. Otro que vive ahí todo el año…

No nos podíamos creer lo que encontramos en la milla 109…parecía algo totalmente surrealista, sacado de una película de terror; Unos depósitos de agua en lo alto de una torre metálica, sirven de refugio a una colonia de cormoranes que no dejan de gritan en ningún momento. Alrededor de la nada, tan sólo 2 casetas medio caídas y otra bastante azotada por el mal tiempo, formaban nuestro “supuesto” alojamiento…

Las torreta, los depósitos y a la derecha la caseta sin luz que hacía las funciones de supermercado..

El guardián de semejante lugar, es un hombre negro al que le falta un ojo, que no tiene ni idea de inglés, ni tampoco sabe si hay otro camping cerca, o si tenemos que pasar la noche ahí. Nuestro encuentro con el guardián, tuvo lugar en una caseta que parecía un supermercado/recepción, donde no había luz y las estanterías estaban prácticamente vacías…

Una pareja de franceses algo perdidos (y sorprendidos) llegaron al mismo inhóspito lugar que nosotros, y de manera valiente decidieron que iban a pasar allí la noche. No sabemos si salieron con vida….

Ante semejante opción para dormir, decidimos seguir un poco más adelante y tentar a la suerte esperando encontrar otro lugar. En el peor de los casos, podíamos volver atrás y acompañar a los franceses en su noche de terror, o hacer noche en medio del desierto al amparo de los coches.

Pero la suerte estaba de nuestro lado, y unos kilómetros más adelante, un cartel a la izquierda nos indicaba otro camping. El lugar, al final de una pista de tierra, lodo, abierta por una excavadora, y con varias pozas llenas de agua a ambos lados del camino. Una casa de madera con un fuego a la puerta nos indicaba que la civilización estaba cerca. La situación siguiente no fue menos cómica que en la milla 109…. Con un viento frío que cortaba la respiración y la oscuridad de la noche, el dueño, un hombre blanco, en la treintena, nos estaba esperando para presentarse y darnos la mano…

Ninguno de nosotros nos explicamos aún hoy en día, como una persona de esa edad y de ascendencia europea, puede elegir vivir en medio de ninguna parte, literalmente porque incluso el sitio se hacía llamar «NoWhere Camping», y menos aún montar un “negocio” ahí. Este amable hombre, nos invitó a pasar a su casa, donde su mujer (mucho más joven que él) nos daba el comprobante de nuestra reserva. Me sorprendió mucho su casa, por dentro estaba amueblada de forma muy coqueta, con todo lo necesario para vivir (incluso más), por tener hasta tenían un loro como mascota; en ese momento me surge otra pregunta: Cómo llevan todo hasta allí? Cuándo y cómo hacen la compra?? Van sus hijos al colegio?? Teniendo en cuenta que la población más próxima es Swakopmund, y está a más de 200 km por una pista de tierra…

Salimos a la oscuridad y comprobamos que aparte de esa casa, había dos más, ambas de madera y separadas por una pequeña distancia unas de otras. El hombre nos preguntó que tipo de alojamiento queríamos y le contestamos que tiendas de campaña. Nuestra respuesta le causó gracia y se echó a reír porque el viento era muy fuerte y hacía bastante frío también. Le preguntamos el precio de cambiar la noche de camping por una de las casetas de madera. Como le dimos pena y era ya muy tarde, nos ofreció un cambio “sin coste” por una del casas, que estaba sin limpiar ni preparar; como eso no es impedimento para nosotros, esa noche dormimos bajo cubierto…..

La casas son de madera con un tejado de chapa por el que el aire entra haciendo ruido. Tenía una cocina-salón que ocupaba casi todo el espacio salvo dos habitaciones con múltiples camas y un baño en el centro. Las habitaciones están compuestas de unos somieres hechos de madera y unos colchones de 5ª mano que parece hayan vivido mínimo 20 vidas, pero como dormimos en el saco no hay ningún problema.

Foto de nuestra habitación. El viento azotaba tanto en el exterior y la casa era tan frágil, que la cortina se movía con la ventana cerrada.

Preparamos la cena, jugamos una partida de cartas para amenizar la velada y nos acostamos imaginando que nos encontraríamos con la luz del día.

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