Zeerust – Johannesburgo

Ultimo día, últimos sobresaltos, la Jirafa viajera

Si la cena de la noche anterior nos supo a gloria, los 2 huevos fritos con bacon y el zumo de naranja natural que tomamos para desayunar fue algo sublime.

Hemos tenido que volver a negociar una vez más… No se podía pagar con tarjeta de crédito y nosotros no teníamos  Rands Sudafricanos, así que la pobre mujer muy amablemente nos dio el precio en dólares americanos tras buscar el cambio en Internet.

En el momento de marcharnos, y tras decirnos cómo llegar hasta Johannesburgo pasando cerca de Pretoria, nos ha invitado a hacerle una visita si en algún momento volvemos a Sudáfrica. Por mi parte, tengo muy claro que lo haré, porque este lugar es uno de los mejores sitios en los que he estado nunca.

Un grupo de jóvenes llevan unos pequeños carros hechos de trozos de metal, aunque parece que es por simplemente juego, estamos seguros de que tienen otra utilidad mucho más elaborada…

Entramos en la autopista, que nos lleva directamente al aeropuerto donde debemos entregar estos 4×4 de juguete. Sabemos que es una autopista porque tiene peajes, si le descontamos eso, en España no pasaría de una carretera secundaria, donde para darle todavía más emoción, los vehículos adelantan por donde mejor les conviene, utilizando el arcén, la zona exterior del mismo o el carril contrario.

Circulamos en dirección a JHB atravesando pequeños núcleos rurales, pueblos y alguna ciudad algo grande. De camino a Pretoria pudimos ver a lo lejos el estadio del mundial situado en Rustenburg.

Es normal que digan que Pretoria y JHB están cerca, aunque les separen oficialmente unos veinte kilómetros, la autopista llega a marcar ambas ciudades a la vez, y nuestro punto de destino final, que es el aeropuerto, está justo en el medio de ambas.

Como nuestro plan inicial era llegar más tarde, volvimos al centro comercial donde compramos el primer día el hornillo (más bien la caja vacía) e intentar devolverlo junto con las botellas de gas. Tras callejear un poco y conocer de primera mano como son los atascos de tráfico de esta gran ciudad, fuimos capaces de aparcar en la puerta.

Una de las muchas tiendas del centro de Johannesburgo donde venden licores. En su interior varias rejas separan y mantienen seguro al dependiente frente a la gente que va a comprar…


Tras recuperar casi cuarenta euros para nuestra maltrecha cuenta bancaria, nos sentamos a comer algo en la parte superior del centro, donde están todos los restaurantes de comida rápida, iguales a los de cualquier país europeo.

Prácticamente la totalidad del grupo (soy el único al que le da igual) quieren visitar el estadio donde España ganó el Mundial; yo pongo la nota discordante porque considero que perder una hora y jugarnos un atasco que pueda poner en peligro todo lo que nos queda por hacer, incluido coger nuestro vuelo, sobre todo cuando ni tan siquiera podremos entrar a verlo, me parece ridículo. Pero como somos seis y aquí todo va por mayoría, vamos en la búsqueda del estadio atravesando una parte del barrio de Soweto y todo el centro de la ciudad.

Los carteles que adornan los edificios y muros publicitando el Mundial están presentes en todas las calles.


Durante nuestro camino, notábamos una afluencia de coches un poco fuera de lo común, sobre todo cuanto más nos acercábamos al estadio. Al girar en la última curva hacia la calle del Soccer City nos dimos cuenta de que estaba pasando, iba a jugar allí la selección Sudafricana de Rugby, Los Springboks !!!. Seguro que si hubiéramos querido hacer coincidir el viaje con un partido no hubiéramos sido capaces….

Imagen del estadio donde España logró el ya histórico Mundial. Esto lo más cerca que pudimos estar…

Las noticias se confirmaron un poco después: El partido de rugby enfrentaba a los Sprinboks con los All Blacks de Nueva Zelanda….quizás uno de los mejores (sino el mejor) partidos de rugby que se pueden ver en el mundo, y nosotros a tan sólo 600 metros del estadio…

Llegamos al aeropuerto para devolver los coche. Por un lado me daba bastante vergüenza entregarlos en el estado en que se encontraban tras pasar tres semanas por pistas de grava, y sin que les cayera ni una sola gota de agua para lavarlos, lo que hacía que de su color gris original, hayan pasado a una mezcla entre blanco y marrón.

Parte de guerra de los coches: Un cristal rajado, un piloto trasero y dos faros antiniebla rotos. Además de eso, uno de ellos estaba todo salpicado por la sangre del pájaro atropellado y tenía una bombilla fundida. Todo eso sin contar con el ligero desplazamiento del eje trasero que llevaba el que se salió en el paso a nivel. Porque tras el golpe, la rueda se movía bastante y de una manera algo desacompasadamente.

Intentamos poner una reclamación en la oficina de Europcar, pero nos ofrecieron una dirección de e-mail para que enviáramos nuestra protesta, lo que viene siendo predicar en el desierto….

El “sistema de facturación” volvía a fallar a la hora de conexionar nuestros vuelos entre JHB-Londres y Madrid. Por mucho que le insistimos a la chica del mostrador de que se tenía que poder hacer (como después se demostró), nos decía que era imposible y que teníamos que volver a facturar en Londres.

Diez minutos más tarde, cuando intentábamos saber a quién le reclamaríamos si el vuelo a Londres llegaba tarde y nosotros perdíamos la conexión con Madrid, nuestra  amiga del mostrador sacó una pegatina para ponerle a la jirafa de madera que Fran y Ana llevaban como equipaje de mano. Sabéis que ponía la pegatina?? Pues lo que nosotros decíamos: Johannesburg – London – Madrid. Vamos que la jirafa iba directamente a Barajas pero nuestras mochilas no…

A todos nos entró la risa, incluso a algunas de las chicas que trabajaban en los mostradores de facturación cercanos; a todas menos a nuestra amiga, que ya no tenía cómo salir de ese lío. Y aunque le volvimos a insistir con nuestras maletas, ella seguía en sus trece y le quitó la pegatina a la jirafa para cambiarla por otra sólo hasta Londres.

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