Kasane- Cataratas Victoria – Kasane

Zimbawe y los dientes de león.

Es el único día en el que tenemos reservado previamente, y es que entrar en Zimbabwe con el coche para ver las cataratas no compensa en absoluto. A primera hora, una persona nos estaba esperando en la puerta del camping para acercarnos hasta la frontera entre Botswana y Zimbabwe, una vez pasado el puesto fronterizo, un conductor nos llevaría hasta Victoria Falls, donde están las cataratas y nos volvería a traer de vuelta.

La frontera de Zimbabwe se parece mucho a lo que nos encontramos durante el Mongol Rally; un sitio sucio, viejo, mal cuidado y con policías con ganas de cobrar mucho y trabajar poco.

Este mono busca algo de comer entre la basura que se acumula en la frontera ….


Primero sellamos la salida de Botswana en el pasaporte, y después de pagar 30 dólares por el visado de un solo día, nos pusieron el sello de Zimbabwe. He calculado, y todavía nos faltan 9 sellos más en el pasaporte… a este ritmo, al volver a casa voy a tener que pedir uno nuevo.

La imagen que nos muestra Zimbabwe, es mucho peor de lo que los no imaginábamos y cualquiera de los países que he visitado hasta ahora. Independientemente de la política que lleven a cabo, que también influye, en ningún sitio he visto cosas como aquí…. La gente te golpea las puertas del autobús en la propia frontera, para pedir comida, ofrecer y tratar de venderte cosas, mucha gente con desnutrición, mal aspecto, desnudos… un drama.

El camino hasta la ciudad de Victoria Falls es una carretera sin mucha cosa, rodeada de bosques y poco que comentar. En la ciudad viven alrededor de unas sesenta mil personas. Ya sea a través de empresas de viajes, como guías o vendiendo tallas de madera y cerámica en las calles, toda la ciudad obtiene su sustento en torno a las cataratas y el turismo. Nada más llegar al aparcamiento del autobús, y mientras el guía nos conseguía unos chubasqueros, un grupo de siete u ocho hombres nos ofrecían animales de madera, tallas, figuras, a cambio de dinero, comida o incluso nuestras propias prendas de ropa.

Un par de banderas y una piedra tallada nos dan la bienvenida al parque de Victoria Falls


Entramos al parque con el guía, y tras una breve explicación de apenas 3 minutos, comenzamos a andar hacia los diversos miradores que componen el parque. Una gran estatua da la bienvenida al parque. Una figura de Sir David Livingstone, descubridor de las cataratas, explorador y todo un personaje a seguir… Quien no ha escuchado alguna vez la frase: El Dr. Livingston supongo?

Estatua del Dr.Livingsonte, levantada en conmemoración por el centenario del descubrimiento.


Las vistas desde los diferentes miradores son impresionantes; pero no tanto como el ruido del agua al caer al río, un sonido continuo que ruge y que incluso a veces, te impide oír al que tienes a tu lado cuando habla. La lluvia constante que se produce con la caída del agua y el viento hacen que los chubasqueros sean imprescindibles en algunas zonas, porque el chaparrón es intenso.

Nuestra primera visión de las Victoria nos impresionó, pero aún así no es nada comparado con el resto del parque.


En la época del año que nosotros hemos visitado las Victoria, llevan poca agua. Durante la época de lluvias triplican el caudal.

Las cataratas son increíbles, pero si hay un punto que realmente fascina, es quizás la roca donde echándole un poco de valor y dejando atrás el miedo, uno se puede encaramar, siempre bajo su propia responsabilidad, y ver como el río transcurre 110 metros más abajo. La foto es espectacular, pero sacarla tiene su cosa…


En la parte final del paseo, acabamos cerca del puente que une Zimbabwe con Zambia. Este es uno de los santuarios para los amantes del puenting y todos lo deportes elásticos. El cañón del río es enormemente alto y por saltar al vacío mucha gente vuela desde todas partes del mundo.

Puente que une ambos países, al fondo se puede ver la caseta de la frontera.


Le preguntamos al guía el precio de montar en helicóptero y sobrevolar las cataratas, intentamos rebajarlo, pero tan sólo conseguimos 95 euros por persona, además del precio de la entrada al parque por unos breves quince minutos. La entrada al parque siempre hay que pagarla aparte, porque aunque el helicóptero las sobrevuele, tiene que pagar por entrar dentro de su espacio aéreo, en ese caso cada persona paga lo suyo, que vienen siendo sobre 10 euros más o menos.

De camino de vuelta al autobús, las personas seguían en la verja esperándonos para ofrecernos las tallas, figuras, etc. Según se iban cerrando las puertas, bajaban los precios y aumentaban los gritos. Da un poco de pena y vergüenza a partes iguales, porque siempre te queda el remordimiento de que se podría hacer más, pero parar el autobús y bajar podría llegar a ser realmente peligroso, así que dejaremos las ropas y cosas que regalamos para otra ocasión.

Paramos en una tienda para comprar postales y algo de recuerdo de Zimbabwe, y entramos en un lugar bastante caro y con algunos precios prohibitivos, incluso si estuviéramos en España. Allí en la puerta, cometí el error de preguntarle a un chico por pura curiosidad, cuánto costaban dos dientes de león que vendía engarzados a un colgante, su primera oferta fue de cien euros cada uno, como no tenía pensado comprar uno le dije que no me interesaba. No pude hacer nada peor, el chico estuvo intentando entrar en la tienda todo el tiempo, mientras el guarda de seguridad lo alejaba de la puerta a empujones, incluso separándolo con una especie de porra. Estuvo insistiendo continuamente mientras estuvimos en la tienda y cuando salimos continúo caminando a mi lado ofreciéndome los colmillos, poniéndolos en mi mano y rebajando el precio. La última oferta que me dio, cuando yo ya estaba dentro de autobús, y el me gritaba desde fuera era de veinte euros por los dos dientes…

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